
Estábamos en uno de los cafetines más frecuentados por los poetas de la Escuela de Letras. Elí Galindo, Eleazar León y quien escribe, comentaban la vida y obra de los poetas de la Guerra Civil española, materia que acaba de tratar en su clase de Litertura Española el inefable Don Pedro Beroes. Los ánimos estaban caldeados. Eleazar, machadiano de pies a cabeza discutía con Galindo y conmigo, lorquianos de corazón. Según Eleazar, Lorca era puro fuego de artificio, Machado era el profundo, el filósofo.
-Ay, mjito, total los dos son grandes poetas, intervino la bella María Beatriz Medina, que pasaba por allí con sus curvas y sus ojazos, siempre conciliatora. Pero con ganas de ver bravo a su compadre Eleazar; el compadre Galindo seguió discutiendo. Eleazar fruncía el ceño, su tono de voz se hacía más grave. Galindo discutía con esa persistencia que lo caracterizaba. Yo intervine diciendo que si bien Lorca era "pura palabra", como decía el poeta Elezar, la palabra había creado el mundo. Más ofendido que nunca, ya el compadre se preparaba para dispararme cuando el Conde Azul que pasaba por allí, zanjó la discusión de un tajo.
-Ustedes son bien bolsas. Discutiendo por unos guaros que están en el país de los acostados desde hace más de cincuenta años..
Versia, compadre, esa vaina es verdad - concluyó Eleazar, filosófico.
Y todos tomamos el café, que se estaba enfriando.